EL OTRO ILUSTRE COLEGIO OFICIAL DE PATAPHYSICA






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PO-LONIA


FACULTAD DE BELLAS ARTES DE MADRID, VIERNES 29 DE HAHA DE 8479 desde el reinado del Padre Ubu. Viernes 29 de octubre de 2004 para el vulgo.


DE 11 MAÑANA A 9 NOCHE


(PENULTIMO PATASYMPOSIUM HEDONISTA ECREVISSISTA PRIMAVERAL, ESTIVAL, OTOÑAL E INFERNAL)




SEMBLANZA DEL ACTUAL ESPECTÁCULO DE "EL OTRO ILUSTRE COLEGIO OFICIAL DE PATAPHYSICA"


Nosotros somos El Otro Ilustre Colegio Oficial de Pataphysica, en nosotros se cuece el puchero de cualquier azar.

El Otro Ilustre Colegio Oficial de Pataphysica, formado para la ocasión por violinistas, sexofonistas, toneles, ruiditos, pianistas y oradores, amén de otros estamentos poliédricos, hace una representación fidedigna de los dimes y diretes del inconsciente individual; en un espectáculo total de hora y media de duración, los Doctores en Pataphysica se explayan a sus anchas con la auténtica convicción del que sale a buscar caracoles después de una tormenta de mucho cuidado.

La mar salada –de la que todos guardamos un grato recuerdo-, fijación de los juegos de nuestra infancia, acompaña el desarrollo de la representación, erigiéndose en el poste o barómetro que engullirá a los Doctores devolviéndolos a su habitat natural: el útero-etílico de sus supremas panzas.

Mezcla de surrealismo y cabaret, los Doctores en Pataphysica ejecutan una suerte de equilibrio entre el yo y el él prorrumpiendo en aplausos.

La Música y las declamaciones u oralidad arropan las acrobacias de los doctores que, con las pértigas que la naturaleza les concedió, degustan el Martini on The Viola. Componentes:

Un pianista, el Dr. Friedrich Von Pinacothéque, perenne, toca.

Un Orador, el Dr. Bungalou Lumbago A’tresbandas, que condensa en su alma las hipérboles y epifenómenos contenidas en las obras completas del divino Marqués de Sade y en el tomo 43 de la “Breve Introducción a las Extravagancias” de Julius Bolffpach, famoso escritor y empaquetador rumano.

Un violinista, el Dr. El Antiabraham Mi Primer Mamut, apéritif et ascéte cycliste.

Un violinista libador de bisectriz, el Dr. Antuan Duanel, neurótico obsesivo desde que nació y espadachín polígamo invicto en el almabique; rara cualidad la poligamia, que le hace ser extremadamente dúctil en el arte del birlibirloque. Los miércoles alternos de cada tres sale al balcón de su casa donde exactamente a las cinco en punto de la tarde una orquesta compuesta de 25 amazonas le interpreta el “Orfeo en los Infiernos” de Jacques Offenbach; detalle que justifica plenamente su existencia.

Un rudo ruidista, el Capitán Estulticia, coprófago, merodeador. Cuando no es una circunferencia ligeramente abombada cita continuamente a Homero en su célebre: "Si...pero"; cita que, aun no siendo de Homero, sin embargo gusta de citar en su casa, la suya de citar, la de citas.

Un Sexofonista, César-Anticristo, emulador, en su aparato, de los mas altos vuelos que las partículas elementales realizan al sabor de un buen capellán.


Música y textos originales.



                                                                                       

          

  
 


HUMANO

DEMASIADO POCO PATAHUMANO


© Dr. Bungalou Lumbago A'tresbandas. 8479 desde el reinado del Padre Ubu.


Si Nos nos sentáramos sobre los cadáveres, estos serían sillas, señores ”

Si, por el acertado método de contar habas secas, reflexionamos en torno a los hechos que vienen a conformar el estado de la sociedad en la que existimos, cierto es que la humanidad no es mas que eso: HUMANIDAD. Un poco de esto, otro de aquello y la sal, algo de sal para que los hombres se alegren de vez en cuando y se soporten sin quererlo...y sin sal.

Afortunadamente para eso nació El Otro ilustre Colegio Oficial de Pataphysica: para nada, es decir, para todo. Y la humanidad, como el cacao en la leche, está en todo. Así, pués, procedamos señores, procedamos (pausa para ajustar la chistera y rellenarla).


Al principio fue el termo.(se extrae un termo y se muestra) Miente el Génesis al atribuir al verbo el principio generador de la existencia. Miente Darwin al suponer una cadena lógica de estadííííííííos evolutivos desde la “lechuga” hasta el “homus eticus”.


¿ Cuantos hombres habrán visto ustedes a lo largo de todo el tiempo que han existido hasta este mismo momento ? ¿ 583 ? ¿ 701 ? ¿ 1050 a lo sumo ?


Y si no están convencidos de lo que digo -y teniendo muy en cuenta que aún no he dicho nada- miren a su alrededor y...¡ cuéntense ! ¡cuéntense ! ¡ cuéntense ! puede que eso les tranquilice. A mí no, por eso cuento habas secas (se lanzan algunas habas al público y un caracol de juguete u otro animal)


¿ Qué es un hombre...se preguntaría un animal como Charles Darwin instantes antes de decidirse a indagar en los orígenes -poco más o menos siniestros- de sus congéneres ?

¿ tanto le molestaba la multitud ?: Sí o no; por eso ni se hizo hombre ni dejó de hacerse-la-la-tralará.

La conclusión se abre diáfana ante nosotros como un precipucio desbordando dulces políedros de luz demoníaca.

Así, después, Darwiiiiiiiiiín con su simpleza evolutiva segó -para la posteridad- la posibilidad de un pensamiento vertical en el devenir humano; una verticalidad que, desde la prostitución francesa de 1789, cualquier bonhomme perezoso de instinto nihilista hubiera proclamado como vertical sí, pero hacia abajo.

Aborrezco lo social pues no proviene de mí. Esta frase -producto de la sinestesia acaecida al escuchar el entrecortado suspiro de una gallina maestra a la vez que palpaba la gruesa materia de un insecto zumbón descarnado y escrita en el momento en que me encontraba escribiendo este Pataensayo, dictándomela yo mismo hacia mí, es decir, yo- me anula en lo que de no mío hay en mí. No hay dialéctica donde uno no acepta el espectro de lo común. Sólo un Único como Max Stirner puede aunar en sí la amarga insuficiencia de los contrarios, atravesando con su pensamiento las jaulas de oro que enmarcan -como las matruscas- el sucesivo acontecer de todas las revoluciones.


¡ liberalismos políticos o religiosos !: patrañas de emabaucadores que esconden el implacable rostro del verdadero tir...ano: ¡ EL HOMBRE ! ano, ano...ano


Sólo el canibalismo acorta las distancias entre los hombres, es más...

¡ Une a la humanidad !


Federico Marx expulsó a Dios del comunismo para evitar la inútil recurrencia del fanatismo aterciopelado de los que sustituyen el carromato de un ídolo por la carretilla de una idea asimismo fanática, y tanto más aún, pués pesa menos.

Nietzsche mató a Dios y con él arrastro a Kant y a Lucía Hegel al trono petrificado del católico apostólico-inhumano; Nietzsche aniquiló la perniciosa virtud de un Socrates apolillado en la razón y con él al sucio Platón y explotó las bombillitas insaciables e insufribles de la Ilustración.


Jarry elevó a Dios al campo inviolable y abstracto de la matemática pura.


Pero, El Otro ilustre Colegio Oficial de Pataphysica, señores, ¡ AH ! El Otro ilustre Colegio Oficial de Pataphysica resuelve la dialéctica empujando a Dios al interior oscuro y quejumbroso de un calcetín ¡ UNO ! un sólo calcetín,

pues Dios...también es UNA


Piensen una cosa señoras y señores: Si ustedes fuesen habas secas yo también hubiese estado aquí.

No reflexionen, señores, no flexionen.


¡ BUENAS TARDES !



¿ que posición ocupará la tumba de un rumbero entre una docena de eminentes mecanógrafos semienterrados con habilidad?


© Por el Dr. Bungalou Lumbago A’tresbandas. Doctor en pataphysica.


Un rumbero es un ser insignificante comparado con la monstruosidad de un alfiler -petit poirot- haciéndole sombras al sol; la mecanografía, como la rumba, saluda desde un cielo rumboso y tachado de mecanógrafas, pues sólo las mujeres poseen el arte de mecanografiar absolutamente mientras desde la bolita de grasa de sus páncreas un obús celebra el misterio de los rodillos de tinta de la máquina de escribir. A tal arte tal castigo.

Suponiendo que el rumbero-cadáver se llamase Gordon, obvio es que debería posicionar su ataúd en contra dirección al rumbo que tomasen la procesión de hormigas listas para el banquete de los mecanógrafos........... .....años luz ha de sus máquinas de escribir.

El punto de comparación con el que los mecanógrafos reptan hasta llegar a apropiarse de los ritmos rumberosinuosos se encuentra en el eje que el cuerpo de los primeros la imprudencia al pasar el rollo de la máquina cometen; un brazo largo, como el que utilizan los rumberos para tañer las cuerdas de su guitarra se superpone en 2 milímetros más o menos al airecito que se produce, en el caso de los mecanógrafos, cuando éstos desplazan violentamente la palanca que hace pasar la página que están mecanografiando, los mecanógrafos.

Orden y tomates es el pensamiento que hizo a Hume, el célebre filósofo, descubrir -hasta revolcarse- el hecho de que las ideas se encuentran dentro del cerebro no en una cama de agua sino en una cómoda llena de cajones y compartimentos como en un yate que se hundiera de repente en el mar. Así pues, el asociacionismo penetró auténticamente en las mentes de los asociacionistas; el mecanógrafo como el rumbero pertenecen a este tipo humano tan salado.

De hecho, la muerte se representa mímicamente en la vida de los rumberos como una escoba eterna -que ya ideó Walt Disney en uno de sus dibujos tan inanimados como él- que danza inagotablemente sin desfallecer, puesto que se reproduce automáticamente; cierto, también las palancas dan vida a las letras que saltan de la tinta al papel en la máquina de escribir y es ese salto el tic rítmico que la rumba perpetra en su desmesurado afán por ennoblecer el arte equino.

Y puesto que en el camposanto sobra la contabilidad de suponer es que ni rumbero ni mecanógrafo opondrán ningún centímetro para su correcta y luminosa ubicación.


Ved, hombres y mujeres, como hasta la mas humilde de las relaciones adquiere en el cerebro sin freno de los Doctores en Pataphysica una auténtica dimensión proteica. ¡BUENAS TARDES!



DE CÓMO SEDUCE EL DOCTOR EN PATAPHYSICA EN UN RESTAURANTE DONDE, NATURALMENTE, HA SIDO INVITADO


© Por el Dr. Bungalou Lumbago A’tresbandas. Dr. en Pataphysica.


A las 3 en punto de la tarde, no antes, penetra el Doctor en el salón ristorant; justo en la entrada saca su metro y mide la circunferencia de su panza apuntando meticulosamente el resultado en una libretita de piel de gato de angora que extrae de su chaleco de Misto and Midows Company.

Su mirada vaga incierta hasta que reconoce al primo que le ha invitado, es decir, al hermano, quiero decir al primo hermano. Entonces, raudo se sienta en la mesa, saca el cuchillo, cuchara, tenedor, copa, salero, y un frasco con protóxido de nitrógeno (gas cuya absorción produce risa) que siempre lleva consigo en estos casos y una vez tomada –por lo que pudiera pasar- la posesión del territorio, saluda afectuosamente al citado primo.

A este no le ha hecho ninguna gracia, pero “no hay que pedir peras al olmo” piensa para sus adentros y corresponde al saludo con la desgana propia de un príncipe de la iglesia al que le acaban de cambiar inesperadamente a su monaguillo de confianza..

A la hora del cognac una aclamación general sorprende a nuestros comensales; algo se avecina y el Doctor en Pataphysica adopta una pose versallesca, otra vez por lo que pudiera pasar, levantando su copa con la mano izquierda, mientras inclina ligeramente la cabeza hacia atrás y deja su mano derecha reposar, lánguida, a la altura del corazón.

Un pintoresco enfant acaba de entrar en el comedor. El chef, que es italiano aunque se ha hecho trasplantar –también por lo que pudiera pasar- un apellido francés, Monsieur Le Chateau du Bromure sans Momie (Señor el Castillo de Bromuro sin Momia), se acerca hacia el niño y su comitiva; la doncella le muestra una langosta a la que le falta un ojo, en clara muestra de reproche. El chef levanta los brazos, se atusa el bigote y examina cuidadosamente al crustaceo moviendo repetidamente la cabeza hacia los lados; los ruiditos tan característicos del siempre interesante acto de engullir han cesado; todo el mundo está atento a la escena haciendo cabalas para sus adentros – eso si sin llegar a los intestinos porque estamos comiendo y sería muy desagradable por otra parte – sobre como saldrá el buen chef –porque todos le consideran una buena persona aún sin conocerle en absoluto- del apuro gastronómico.

Tensión. Monsieur Le Chateau du Bromure sans Momie no convence y, desesperado, busca a su alrededor implorando ayuda con el rostro descompuesto; todos se esconden debajo de las sillas disimulando, excepto el Doctor en Pataphysica que continúa exhibiendo su postura versallesca por lo que pudiera pasar. Y, efectivamente, pasa.

El chef corre hacia el Doctor, el único que con su actitud parece ser capaz de disipar las nubes negras que planean, amenazantes, sobre el gorro de cocinero del atribulado chef, de cintura para arriba italiano, de cintura para abajo francés.

Ella tiene las manos pequeñas. Los brazos gruesos, de pescadera. Los pechos grandes, de monja lechosa de monasterio. Las patas de gallo en su sitio. Es todo un modelo organizado de femeneidad; esto último quizá, es lo que atrae la atención del Doctor; es lo que hace que distraiga, en forma alternativa, su mirada desde el muslo de faisán que yace en su plato al de hembra risueña que se cruza cabalgando sobre su otra pierna.

Sentada, 54 grados perpendiculares a la masa o mesa (al postre es lo mismo) del Doctor en Pataphysica la mujer –de 54 años- deja caer su servilleta y mira a nuestro Doctor; éste, muy educado, observa la suya y –tras un instante de reflexión- se la ofrece a la señorita y recoge del suelo la otra regalándole a la dama su mejor sonrisa al tiempo que la pliega ejecutando –con maestría- una sorprendente figura geométrica.

La llama de la gesticulación por posturas hace surgir –en el Doctor en Pataphysica- un pensamiento seguido –asi como el galgo de competición persigue al artilugio mecánico de su pasión- de la chispa que solucionará el affaire del buen chef.

La solución, inspirada por la cálida intimidad proporcionada por el intercambio de servilletas con la mencionada dama, es ya una realidad. Monsieur Le Chateau du Bromure sans Momie acompaña al Doctor en Pataphysica hasta el lugar de los hechos. Allí, con la astucia de un esquiador tirolés, el Patasabio Pataphysico agarra la langosta por la cabeza y le implanta un ojo de cristal.

Los comensales se han quedado con la boca abierta; el chef se arrodilla, el enfant se inclina, la doncella se persigna, el mayordomo se toca.

El crustáceo, insensible al milagro que acaba de producirse ya que está bien cocido y bien muerto, no dice nada.

Al salir, homenajeado por una inútil efervescencia popular, el Doctor en Pataphysica, impasible como una rueca, anota, con el júbilo incandescente de su violenta pulcritud la nueva dimensión Pataphysica que ha adquirido su Pataphysica barriga.





ALGUNAS PIEZAS DE CONCIERTOS


OH ENEMIGO MÍO



© Por el Dr. Bungalou Lumbago A’tresbandas. Doctor en pataphysica.



Oh enemigo mío llevas el estandarte anunciador de mis desdichas, mira mi límpida frente en la cumbre de la montaña como, altiva, reta a la poderosa águila. Sube aquí arriba, oh enemigo mío, ven a por mi sangre, es lo único que podrás llevarte; ven a por mi sangre.



No confundas los graves accesos de mi furia con un remanso de aguas tranquilas que fluyen hacia tus fuentes, no es reposo, ni quietud, lo que desbordan mis sienes sino agitación, brusca turbulencia, que lucha por aplastar tu inteligencia

Oh enemigo mío, ¿ no es hermoso el sol de mediodía ?


¿ no repta graciosa, la ardilla, el muro de su dolor ? ¿ no se esconde renqueante, entre el follaje, el caracol ?.


Así como el débil insecto sucumbe ante el temible aguijón del escorpión así sucumbirás tú, enemigo mío, cuando despunte, fabulosa, la aurora de mi rencor.


Guárdate de mi inmutable voluntad, motor del poderoso deseo que te aniquilará, no calles tu desprecio ni al señor de tu tribulación. ¡Grítalo a los cuatro vientos ! con osadía, con pasión; y en el fragor del combate no busques mi misericordia ni ejerzas, si llega el caso, tu compasión. Lánzate como sangrienta alimaña a devorarme ¡Oh enemigo mío! el corazón. ¡ Remonta ya la cima ! ¡ aquí !, a las alturas de las montañas,


¡Ven a por mi sangre!




¡Ven a por mi sangre!

LA CEJA, ¡ ADIOS !



© Por el Dr. Bungalou Lumbago A’tresbandas. Dr. en Pataphysica.



* cuando se oiga la palabra “padre” se producirá el arrastre de un armario, cómoda o mueble similar.



Tórridos son mis recuerdos sobre ti, padre. Hasta cuando movías el pecho gallardo emulando el orbe majestuoso de los astros y mi sinrazón ya gustaba, metódica, de voltear a tus anchas espaldas y sofocar el giro copernicano.



Ardiente es mi memoria planeando en las bombas de tu cuerpo inerte; ahora, padre, muerto eres y tórrido es el deseo que azota el recuerdo. Hasta cuando te lanzabas con tus labios acribillando el gastado pecho de la vieja ramera y mi pierna cruzaba, al verte, el álgido puente de módico tema.



Cálidos son mis recuerdos sobre ti........padre. Con la miel por esposa tomabas las ramas amando la espera del que se sabe del néctar el gran capitán, y yo, ¡ misterios del mapa ! animaba al niño lascivo de mágico trino y dulce sentar.



Frescos son mis recuerdos. Hasta cuando, padre, medías al animal de encías perforadas por flechas y en mi sueño rugía, mutilado, el sistema métrico decimal.



Fría es la visión que recorre tu piel cadavérica, tus manos y muslos, fríos, fría tu sien.



Frío el momento postrero en que partiste bajo el manto del invierno, desnudo y arquero, padre, hacia el tibio agujero de mi madre siempre tan dispuesto.



Frías las orbitas de tus ojos espantados al ver despegar, en tu hora final, el fabuloso cohete de tu hijo que tiembla y posee.









POEMARIO

(8476-8479)

desde el reinado del Padre Ubu



© Por el Dr. Bungalou Lumbago A’tresbandas. Dr. en Pataphysica.


(Fragmentos)



8476



A


En el borde derrretido de un hombro demente invierto la norma bruta

de un rehén

arde en el logos del crematorio el vicio hegemónico de mi tiranía




II*


Horca de un chacal predispuesto a la lucha bajo el fulgor ocarino de

un craneo insistente sueño pedir peras al patíbulo mientras en el mostrador

asoma el crímen a punto de caramelo



SEXAGENARIA


¡ Sexagenaria, sexagenaria !

¡ Sexagenaria, sexagenaria !

¡ Sexagenaria, sexagenaria !

¡ Sexagenaria, sexagenaria !

¡ Sexagenaria, sexagenaria !

¡ Sexagenaria, sexagenaria !


¡ PENAL !








MARGARITA


Sincero el cenizero bate sus alas tortuosas al azar de los tornillos del aeropuerto el correr de las mariposas negras y el reir del turbante hipotético

brilla el petroleo en las tazas de te


CORONACION LUMINISCENTE DEL TIRORí


En la letra S veo la concha del mar furibundo

¡ BRAVO TORO !


HOLOCAMA

Conozco a una silla tan grave como una flor cuyo alambre se alarga al paso de la temperatura cálida como un santo

ante la vela

que se precipita en su interior


8477

ASTÉRIX-CO

Hematocrito musical de una espera interrumpida por los deleites del timbre de la peste desfila la comitiva de grupos sanguíneos

secuela de la niñez

SINÓNIMO DEL DESTORNILLADOR

Tentetieso el proscrito

dolor de sus semejantes

alecciona unas correas que bifurcan los colores amables de su tortura

trepa al hermoso dedo gordo voluptuoso del terrateniente solitario

izquierdista escopeta vestida de largo


SÍRVANOS BOGAVANTE

Crece la muerte soleada desde el balcón impertérrito de un haz de cosquillas

infrahumano el relámpago resucita una idea en el cerebro de la noche

¡ Balanza !

¡ Sé injusta !

QUIEBRA INSUBSTANCIAL DEL CALIQUEÑO

El casco del gas premonitorio descompone la facilidad bilingüe de ese

Otro oscurantista que obstruye lanzando palas de multitud

a mí

¡ el carrillo violáceo !

ESPERANDO A LA CALAVERA DE DODOT

Trombón de un lúcido despertar

me agasaja un hálito mortuorio

¡ bésame pompa funebre !

Higiene:

¡ ese crio vivirá !

ASPEREZA DE SANTA TERESA


Domino (el Domingofo) a los monjes con un solo dado

un salvaje tira de mi hacia el contorno irreal del vientre del mundo

no necesariamente solipsista


SÉ POR EL CORSÉ

¡ ver para lamer !

vegeta tubo católico

en la matanza del mercurio flota la sed de mi lascivia

un ojo bebe la pulpa que atiende un bisturí en crisis de tebeo

anulo la simiente con un golpe de talón

sé por el corsé





DELEITE EN EL DIENTE

Vulvas cubridme de besos pues yo no creo

¡ enveneno !

Una langosta impostada en el arcén de una tela de Sorrento eleva su aguja acertadamente

exánime, Ptolomeo da los buenos días rodando a los pies de precisas vulvas

erectas como el pomo de la senectud

TURRÓN

¡ R-A-M-E-R-A !

¡ A-R-E-M-A-R !

¡ ÁNIMO SELLOS !

Cloacas a posteriori

belén decadente donde un ovario rechina en la duda de una sombra

artefacto meditabundo que ataca la raíz del semestre sin hambre ni sueño restos de acero cuelgan de una soga en la acera de los cuerpos

LA INTRIGA DEL ANÍS

Usurpa mi esterilidad y silba como un combatiente

¡ tú ! alicaido tazón

-destino humedecido en la espúrea presencia-

de mi desayuno

GANCHILLO

COBAYA

DESDÉN



POSTRACIÓN DEL OGRO: ¡ arrivederchi !

El tiempo aniquila la fe de los niños e intacta una virgen desarrolla un pezón

temblor de su amo

cita

el régimen descompuesto de un jarrón

Una lunática coge

Una lunática coge

Una lunática coge

Una lunática coge un huevo concavo piensa en sí

con cavaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa martirizo el noble espasmo de un par de gluteos adheridos al pilón trago de forjas y vertidos


8478

APUESTO MIS OREJAS

Holocausto del ginecólogo sin tímpanos hierven en tu memoria mis pechos sedientos como lupas en el ocaso

rectifican los militares su digestión

presos

por el cinturón que abraza la garganta de acero de un caníbal

MIRA: ¡ UNA TINTORERIA !

TINTO TINTO TINTO

TIRA DE MI TIRA

TIRA TINTORERIA

¡ TIRA !


¿ QUÉ ES, DEFINITIVAMENTE, UN ZAPATO ?



© Por el Dr. Bungalou Lumbago A’tresbandas. Dr. en Pataphysica.


Al Principio el Doctor en Pataphysica se hizo a sí mismo con grasa de ballena y esa grasa, sí señoras y caballeros, esa misma grasa es la que da un brillo permanente a los zapatos que se nos ocurra limpiar.

La conexión es, pues, evidente: ballena-grasa-doctor-zapato-grasa-doctor-ballena.

Al parecerse tremendamente la forma de un zapato a un tonel con su filarmónica su visión nos trae invariablemente recuerdos que añoramos, pensativos, del ayer. ¿ Cómo hemos de proceder cuando nos encontremos con un (o una, de todo hay en la bodega del Doctor) zapato abandonado a su suerte en plena calle ?:

Es primordial no abusar de nuestra altura y nunca –contrariamente al dicho- andar con pies de plomo cerca de un zapato desamparado. Las consecuencias podrían ser catastróficas, tanto para el zapato como para nos.

En las primeras palabras que le dirijamos, que sin duda han de ser de consuelo, evitaremos mencionar la suela, punto oscuro que abordaremos mas adelante.

Si nos fijamos en la inclinación que toma el cordón del zapato, es decir, su caída libre hacia el suelo, daremos en el clavo sobre el estado en que se encuentra, en esos momentos, el espíritu del mejor amigo del pie. Esto y sólo esto bastará para un completo análisis en profundidad de todas las circunstancias que conviven en el interior de esa prenda de vestir que ocupa el último lugar en el ser humano visto desde la azotea o cabeza, pues sabido es que los animales y las plantas no acostumbran a calzarse con el susodicho.

Puesto que como ustedes sabrán, emblemático auditorio, en la pasada Convención del Lustre Esperanzador de Nasty City en la Bretaña Francesa se acordó unánimemente que los zapatos no hablan, nosotros, Doctores en Pataphysica, ajenos a convencionalismos legislativos le enseñaremos al zapato (con sobriedad y sencillez) a pronunciar sus primeras palabras y utilizaremos el método mas simple -que suele ser siempre el más efectivo- con lo que genuflexionaremos nuestras rodillas y acercando nuestra boca a su lengüeta exclamaremos no sin cierto pudor: “ DÍ HOLA ZAPATO”.

La soltura con la que responda a esta impresión el zapato, el hecho que comulgue o no con el imperativo de saludo que acabamos de lanzar a los agujeritos de los cordones -que anatómicamente corresponden a los oídos del hombre- nos indicará a Nos si el navío de nuestra empresa impulsado por la velas de nuestra patapedagogía se dirige felizmente a buen puerto.

Antaño, en la época glacial, cuando la tierra disfrutaba de una estación única la humanidad se calzaba con los dientes ya que al no existir el calor las piernas se congelaban y entonces el hombre -que disponía ya de una masa encefálica considerable que le hacía poseedor de una agilidad mental particularmente meteórica- decidió doblar las piernas de modo que los dos pies quedasen justo a la altura de la mandíbula y, separando la cavidad bucal, introducía alternativamente uno y otro pie produciéndose la pintoresca transformación de su boca en zapato, un zapato que, además poseía la virtud de ensancharse y estrecharse a la medida del pie (virtud que se conseguía abriendo en mayor o menor medida la boca) evitando así la incomodidad y el suplicio que suponen para el pie acomodarse en un zapato que no es de su número.

¡ Ah ! ¡ Que gran avance para la humanidad !

Lamentablemente en la edad media la inquisición, que no se andaba por las ramas, hundió estos progresos en los abismos del inconsciente colectivo. Algo, sin embargo, quedó como resto atávico en los usos corteses del siglo XVIII, en el albor del cardenal Richelieu y de los tres o cuatro mosqueteros quienes, al doblar exageradamente el espinazo en gesto de cortesía y protocolo lo que hacen en realidad es dedicar una mirada -de reojo sí, pero mirada al fin y al cabo- hacia sus zapatos que indica un sentimiento de cariño y a la vez de nostalgia por los tiempos en que sus pies se encontraban en un status similar al del rostro, elevándose incluso por encima del arrogante pecho y las vanidosas tetillas (o tetas según el genero y el tamaño..)


COROLARIO



JUSTIFICACIÓN TEÓRICA DEL CALCETÍN



El calcetín, prenda íntima que no necesita de ningún bombo en su presentación, ni de ningún platillo, ha sobrevivido más de 600 años sin necesitar el apoyo que, ahora, nos vemos en el Patadeber de prestarle.

Su desaparición -la del calcetín- supondría -para el pie- un cataclismo de exageradas proporciones. No nos arredremos ahora.

Con el empuje de los muchísimos caballos salvajes del circo monumental de nuestra monstruosidad evitaremos la definitiva disolución del calcetín en la mediocridad de una tinaja de azufre.

¡ LARGA VIDA AL CALCETÍN !



LOS CONEJOS, CHISTERA EN RISTRE, RAPTAN AL PRESTIDIGITADOR



© Por el Dr. Bungalou Lumbago A’tresbandas. Dr. en Pataphysica.



El Dr. Bungalou pretende con este mini ensayo teórico-práctico acribillar a los acaudalados bienpensantes de la razón imperante, esto es, a los fervientes defensores del más común de los sentidos que, si para un perro es el sentido del olfato, ya que es en estos mamíferos donde juega un papel preponderante en la hora fatal de la reproducción, sin embargo, hete aquí, que para los hombres y mujeres este sentido es el sentido común, llamado así por la excesiva facilidad con la que prende en los espíritus que se pliegan ante la promesa de un provechoso destino.


Los Doctores en Pataphysica, siempre ojo avizor, si acaso pertrechados bajo el parche del disimulo ante su malcarada gobernanta, es decir, ante su conciencia, la cual recibe en el vestíbulo de su cerebelo de 12 a 14 hrs., recogen con los dedos de su mano mas próxima el hilo de saliva que se balancea como una red entre sus labios y el vacío y lo aplican como agua de Mayo hacia las regiones mas inferiores de su conciencia que huye engalanada por la prodigiosa longanimidad de su adversario, es decir, de su propio Doctor ( ya se sabe: todo Doctor en Pataphysica tiene su propia conciencia aunque el Doctor se empeñe en negarlo repetidamente ).


Los hechos serán los siguientes: cariacontecidos como un erizo ante una batalla campal van los pasajeros de los autobuses regulares camino de sus ocupaciones habituales. Es un lunes por la mañana, Cronos tuerce la nariz, dan las ocho. El trolebús para, abre sus puertas automáticas y un Doctor en Pataphysica sube -vestido impecablemente con un disfraz de conejo de la mejor calidad- saca una zanahoria y busca sitio para sentarse; es muy temprano, esto no son horas, ni siquiera para un Doctor en Pataphysica disfrazado de conejo.


Todos los asientos estaban ocupados pero ¡ Oh Novedad ¡ ahora están totalmente libres; sus ocupantes se han enderezado dando su primer salto en todo el semestre y se han sujetado de las argollas que el autobús concede -invitando a la horca- para sus huéspedes en un gesto de cortesía sin par. El Pataconejo se acomoda en el mejor asiento del autobús ¿? y espera pacientemente.


El conductor masca tabaco, lo hace desde mucho tiempo atrás, así pues, no se apercibe de lo que ocurre a su alrededor. Otra parada. Nadie se apea; al contrario otro Pataconejo sube y, al estilo inglés, se sienta dos filas mas allá de su congénere. No se hablan; ni se han mirado; esta circunstancia ha calado profundamente en el ánimo de los presentes inyectándoles el aguijón que lleva el veneno de una creciente curiosidad.


La escena se repite solemne y meticulosamente durante 7 estaciones más. Hay 9 Pataconejos en el interior y, ahora, los pasajeros ya no son los mismos aunque numéricamente la cifra sea idéntica a la que existía cuando apareció el primer conejo-doctor.


Ninguno ha abandonado su puesto, sin embargo, muchos serán despedidos de sus trabajos, otros dejarán -esa mañana- los pechos de sus amantes en carne viva, los más se habrán librado de otra deuda..... un crimen ?, un amor ?, las reprimendas del sastre ?......


En el exterior, un viandante -al ver el autobús repleto de conejos- realiza un acrobático doble salto mortal y acto seguido aborda -en su aterrizaje- a una pacífica viejecita a la que sin más miramientos le entrega toda su ropa y desaparece misteriosamente de la calle ocultándose en el alcantarillado.


De pronto un espasmo general penetra en los hocicos de los Pataroedores, hay gritos y alboroto; un zorro, falda escocesa y jersey a cuadros, acaba de subir portando una carpeta llena de planos y un escalpelo. A su vez, los 9 Pataconejos apretujados en la parte trasera lanzan ortigas diminutas -que extraen de su chistera- sobre tan inoportuno mamífero.


La situación se complica y los conejos presionan repetidamente “parada solicitada”. El conductor frunce el ceño, escupe tabaco y frena. Las puertas se abren y los Doctores-conejos corren despavoridos; mientras, el zorro, animal de costumbres, se acomoda al lado de una señorita de exagerada fragata y, con la excusa de los planos y el escalpelo entabla animada conversación.


Una vez mas el desorden público ha sido restablecido; pero ahí no acaban las Patafechorías. Los conejos se desprenden del traje de conejo y los Doctores en Patahysica reaparecen deslumbrantes con la sonrisa de Humpty Dumpty dibujada en el semblante.


Advierten a un Magistrado que se dirige plácidamente –después de sus 6 condenas diarias- con el deber ungido, a su camita a descansar donde le espera su mujer, una abogada de la patria, con un callo muy molesto en el pie derecho y un esternón de campeonato con el que enamoró a nuestro hombre.


De otro costal, dos calles más allá los Doctores divisan a un honrado pastelero que a fuerza de manipular el azúcar ha endulzado las formas de su rostro de raíz y ahora es tan hermoso como un efebo griego.


¿Qué hacer? ¿Cómo corromper radicalmente las vidas de estos dos individuos sin que lo noten?. Muy fácil. Atacaremos desde el exterior. La mecanización de sus existencias hará el resto.


Así pues, los Doctores en Pataphysica dispondrán de los siguientes elementos: una escalera, una brocha, un pincel mediano y un bote grande de pintura. Esto y un cierto grado de habilidad será suficiente. ¿Cómo? pensarán ustedes. He aquí la solución: Supongamos que el Magistrado (MA) vive desde hace 15 años en la calle de las Transparencias Imperativas y el Panadero (PA) en la calle del Hongo Dulzón. Un simple intercambio del nombre de las calles utilizando los materiales antes indicados conseguirá que nuestros hombres varíen su trayectoria y aparezcan en una casa que no es la suya. El hábito unido a la pereza y a la nula capacidad de asombro implantará rápidamente la nueva situación en sus mentes como costumbre lógica y abrumadoramente vana. Todo el entorno volverá a adaptarse fácilmente como se adhieren las lapas a las rocas del litoral. Esto se haría extensivo a todas las calles, plazas y avenidas de cualquier ciudad confundiendo y trastornando las vidas de sus parroquianos. Es más, cada trimestre ( u otro lapsus de tiempo elegido al azar ) una brigada de Doctores en Pataphysica se encargará de volver a poner patas arriba el callejero municipal. El municipio, por tanto, caerá irremisiblemente en el precipicio del sin sentido y se habrá convertido en el lupanar -patrocinado por El Otro Ilustre Colegio Oficial de Pataphysica- con diversión gratuita de cualquier tendencia, que todos deseamos.


Schubert es acuoso.


Sin apenas descanso los Doctores abren los ojos nuevamente y..........


¡ ya es navidad !. Una idea, diabólica, embellece sus frentes con la agilidad propia del gamo del Ecuador.


Nos encontramos en el Salón de Actos Paganos del Ayuntamiento; es víspera de Reyes. Ya habrán adivinado que los 3 Reyes Magos que agasajarán a los infantes de la ciudad son ni más ni menos que otros 3 Doctores en Pataphysica convenientemente disfrazados de sus Majestades de Oriente. Y bien, hasta aquí todo normal. Pero, como el imán, lo normal atrae el cieno, cicuta del alma y alegría del Doctor.


Se trataría de tentar con citas de Ciorán y del Marqués de Sade los oídos tiernamente permeables de esos niños y niñas para que las caricias del baile enigmático de esas frases se pegaran como una calcomanía en las sinapsis virginales de sus cerebros y durmieran el sueño de la carnalidad hasta que en el fragor tumultuoso de la juventud explotaran, agravando así la situación empírica de sus semejantes.


Esos pequeños rasguños propiciados por el temor a lo insólito trotarán como Ratoncitos Pérez en sus almas embriagadas y abiertas a todo y serán la dinamita que estallará impregnando de nubes de colorines las perlas dionisíacas que alientan el temblor pueril y libidinoso que transforma las actividades de la infancia en honda y sublime delectación, espoleando el deseo devastador de anteponer el siempre fascinante, gaseoso e inaudito principio del placer al principio -no muy simpático e incluso pernicioso- de la realidad.


Innecesario es agregar nada más.


Piénsenlo señoras y caballeros, qué sería de nuestra cultura y aún menos de nuestra civilización occipital si los Doctores en Pataphysica danzaran a sus anchas ejecutando estos actos a diestro y siniestro y muchos más que aún -no lo duden ustedes- reposan, prudentes, esperando el instante preciso para saltar implacables, arrebatando al vuelo los peluquines pragmáticos que yacen, hastiados, sobre las insípidas testas de nuestros contemporáneos.


¡ BUENAS TARDES !



TRONO DE LA LACTANCIA SUPERIOR


CAP. 19



© Por el Dr. Bungalou Lumbago A’tresbandas. Dr. en Pataphysica.



En estos recuerdos imborrables que ahora comienzo, extraídos desde la lejanía marchita del ayer, no puedo dejar de omitir un humilde resquicio que -sin ser nada del otro mundo- obtura, congelándolo, una pequeña porción de mi corazón, tránsido de la oculta emoción de la niñez.



A la edad de 3 años y pocos meses lei la siguiente noticia en un semanario internacional: “Un joven aristócrata francés -por puro snobismo- deja caer una bomba sobre Malí. Victimas: ni fu ni fa.”



El hecho, simple y llano en apariencia como una vaca pastando en una pradera, me conmovió hasta la médula. En mi alma, espesa y blanca por la cantidad ingente de litros de leche tomados de los dulces pechos de mi madre, una noticia así sólo pudo provocar que confusión, empinamiento y un cierto grado de desánimo público.



Al cabo de 5 meses desarmé con furia un tren eléctrico que hacia la trayectoria entre el comedor-salón y la habitación de las palancas. La alegría posterior que esto provocó en mis progenitores nunca la tendré lo suficientemente ponderada en la escalera de caracol en que -con el paso de los años- se convertiría mi escala de valores. Ellos sufrían, sí, pero en gozo.


Todas las habitaciones resonaban en ecos interiores de algazara y regocijo. Las paredes perdían su rigidez acostumbrada, los techos se ensanchaban, las mecedoras sonreían, los pomos de las puertas, jocosos, verificaban las tasas de rumba con radiante solicitud. Un perchero, ufano, aparcó durante unas horas su impenitente anomalía y una prodigiosa alfombra lanzaba sus pelillos a la mar.


La casa entera era un guiñó al alborozo. Mi padre brincaba, mi madre también, pero debajo.


Yo no era feliz.





ALGUNAS PIEZAS DE CONCIERTOS


LA MEMORIA



© Por el Dr. Don Bungalou Lumbago A’tresbandas. Dr. en Pataphysica.



En mi memoria burbujas de espanto sobrevuelan las astillas de mi pensamiento. ¿ Por qué ?.

Porque he derrochado la maleta de trofeos que gané picoteando en sus prietas carnes, violetas, de deseo ?

o

porque mi serenííííííísima lujuria hunde su puño con violenta exactitud ?

Ahora vivo rodeado de la dulce crema de las tristezas ajenas y un crimen brutal, atento, me saluda

desde la mortecina luz del atardecer.

De la insensantez de mis miembros se apropia mi memoria que regresa en torrentes de recuerdos

a los hermosos dias de abrazos y besos y caramelos de la infancia enfurecida, sonrojada por el calor maternal, donde los muchachos agitaban el tazón rebosante de líquidos enigmáticos y sugerentes en el palco de sus tiernas memorias aún imberbes.

Ella, mi memoria, enrojece, enrojece acumulando el torpe acontecer........

mientras yo adoro el triunfo de la pasajera locura que envuelve, en sus cabellos de oro,

un instante ciego de amor.