¡ ALE ¡ GATO



 

En el idioma de las flores la siguiente Patareflexión no vendría al caso...pero me cuidaré muy mucho de expresar mis sentimientos en este punto. Una cuidada selección y análisis del semáforo que rodea esta palabra nos hace observar que, efectivamente, la señal de peligro existe, velada, pero existe. El ojo Pataclínico nos conduce a no permitir que el gato cruce el paso de cebra por no ser propio de animales con testaferro; nosotros, con una pertinente elevación de nuestro bastón y sobrecogiendo místicamente la voz, incitaremos al felino a que avance misteriosamente hacia el otro extremo de la calle gritándole: 

¡ ALE ¡ GATO

Una vez el minino se encuentre a nuestra diestra, con el mismo bastón y girándolo en la dimensión etérea recogeremos el rastro de pelillos desprendidos de la cola del gato y, doblando la esquina, los tiraremos al mar.