ALMAS

(c) Dr. Quatre-Vingts Cocotiers.

NOTAS PRELIMINARES DE "MI VIDA, EDICIÓN CORREGIDA"

Como es bien sabido, tres son las almas que rigen las emociones del 
hombre, que son el Alma Lírica, la Deportiva y la Financiera. Cuando el 
cuerpo de Q. V. Cocotiers quedó exánime colgando de la rama de un 
algarrobo, produjóse escandalosa discusión y gran arrebato entre las tres 
que le tocaron en suerte, a propósito de cual de las tres abandonaría 
primero el corps del finado, que todas habían gran prisa y precipitación 
por buscar mejor acomodo que el que aquel les diera en vida.
Alma Lírica: "Ah, cosmos, en libre comunión he de unirme a ti para 
inundarte de deliciosa gracia, ahora que el imperfumado Cocotiers parte en 
dirección opuesta a la mía, muy espantado y espantable. Primera he de 
salir."
Alma Deportiva: "Calla, qué aires te das, tú que no has hecho más que 
emputecer los días de este del que ahora pujamos por salir. Con tus 
melindres y zalameras palabras le has enviado a un limbo de azahar y miel 
del que salir le ha costado la vida. Hubierame atendido a mí y, 
robustecido por el severo régimen que impongo a los días, risas le 
hubieran producido todos los avatares que Fatalidad envía con mano ebria y 
puntería afinada. Mi pobre Lazarillo tiene ahora los carrillos blandos y 
no hay mortaja alguna para adornarle como merece. Primera he de salir en 
busca de una bien blanca y hermosa." 
Alma Financiera: "Yo proporciono el adecuado sudario, sea esta mi ofrenda, 
yo que fomenté entre todos los que le rodearon una fama de puño agarrado 
que él no supo detener, aunque sí utilizó lo que de virtud tuviera el 
natural ahorro en su beneficio y en el de otros. Despellejado quedó por 
satisfacer el ansia que en sus venas insuflé como el mal aire. Déseme la 
oportunidad de pronto salir y, con renovada ironía, ponerle yo la mortaja 
que en realidad ya llevaba puesta cuando abrazó mis preceptos."
En estas y otras estaban, con las mientes espirituales cada vez más 
ofuscadas por satisfacer sus pequeñas vanidades, cuando un pequeño mirlo 
acertó a posarse en el hombro del tranquilo despojo de Cocotiers y, sin 
preámbulo alguno, comenzó a picotear el delicado orificio por el que las 
tres Almas deberían ejercer su fuga (no diremos cual, por no revelar tan 
alto secreto). ¡Cómo se debatía entonces las canállas almas viendo que, 
cerrada la huida, permanecerían para ver el horroroso y natural 
advenimiento de la putrefacción del cuerpo, y con él morirían a su vez!. 
Fue entonces cuando el mirlo susurró al oído del corps:
"No temas Cocotiers, yo soy el Mirlo Absoluto, y mientras viva he de 
guardar en precioso cofre tu Memoria para que todos aquellos que te amaron 
puedan recordarte. Cuando a mi vez sucumba, me iré a tu lado, para que 
sólo tus verdaderos amigos te vean conmigo al hombro como único y 
fantástico adorno. Por eso sabrán que obraste siempre sin temor a 
equivocarte por lo que estuviera bien o mal, antes guiado por el no 
siempre adecuado impulso que produce toros y tormentas. Yo te amo, 
Cocotiers, substancia de mis días..." 
                                                           
Fin.