DUCÓMETROS, JECÓMETROS Y OTRAS
EXCENTRICIDADES RUSAS


Por el Dr. Don Bungalou Lumbago A’tresbandas, Dr. En Pataphysica. © 8472 desde 
el reinado del Padre Ubú.

La política inventada -sin miramientos ni impasse- por Bell Guart, famoso 
factótum liberal de la ONU = “ hoy no, unicornio ” repercutió posiblemente en 
las grandes carreras que se produjeron hacia la conquista de los inmensos 
eriales de la meseta rusa.

Bell Guart, entusiasta como un mondadientes, aspiró desde siempre a 
impulsar en todas direcciones las rampas móviles del desenfreno monetario, para 
que al final su bolsillo fuera el último escondite donde acoger las iras de la 
FIFA = “ Federación para la incontinencia financiera asociada “.
De tal modo, su madre le repetía desde su lejana infancia: 
Bell, Bell, querido Bell, tus escombros te sobrevivirán si sigues así, Bell
Bell. “ 

Tuvo que ser el compañero inseparable de Bell -el señor Bizco Seat
quien dispersara en muchos millares de noches sin fin la apaciguada somnolencia 
de nuestro héroe.
Bizco, hombre mitad culto mitad cariacontecido, arruinó muy pronto sus maneras 
refrescándose al buen tun-tun y sin ton ni son.
Esta ligereza de espíritu caló con fuerza en Bell Guart y éste se unió 
sin remilgos a los planes de Seat, Bizco.

Uno de los tres fundamentos que facultaría la amistad de los dos 
caballos fue la insensata utopía de pretender persuadir al orbe Block para que 
iniciara la recolección de todos los frutos habidos y por haber en el desierto 
asiático y en la estepa rusa.
Block, quien siempre escuchaba a los demás antes de hablar él mismo, no 
dijo nada pero comenzó un paciente peregrinaje por el Asia Menor -ya que le 
pareció que, según sus cálculos, serían muchos menos los kilómetros que tendría 
que recorrer si lo hacía de éste modo- reuniendo al final una treintena de “ 
melocotones de las treinteañeras “, una variedad que sólo se cría en las cálidas 
riberas sureñas del Pakistán, en el Asia Menor. Animado por su prodigioso 
hallazgo, Block, quien siempre caminaba a regañadientes en los días de intensa 
nevada, recogió sus balizas y emprendió al día siguiente la ruta hacia su 
primera patria, Rusia, de la que era oriundo; por eso no refunfuñó cuando se lo 
dijeron.