NOTAS DE SOCIEDAD

 

DISCURSO DE INVESTIDURA DEL Dr. D. Q. V. COCOTIERS EN LA REAL ACADEMIA DE CONFITERIA DE SINGAPUR

 

 

Ejem...

 

¡Mariscales, Lavanderillas, Jacobitas!... Mamíferos todos...

 

Atad con fina tuerca vuestras etruscas posaderas, que no quede tubérculo sin su mortero y azafrán, que en la fragua estomacal de vuestros apetitos chiquititos se dispone a entrar con paso firme este que aquí os habla, Mataperros de malnombre, Stradivarius en la solapa, jazmín en el jardín, toda Albania por herencia.

 

Y si, mis polinésicos tubarros, de la pantorrila sufre más de uno, no sea a causa del berbiquí toledano de mis bigotillos almidonados, ni del sabañón bonachón que represa en mi pantufla toda la holgazanería de este siglo.

 

Ah, terraplenes malayos de mi infancia, que si bien en vosotros hice tino más bien tempranillo en el musgo del servicio fue, bien lo saben ustedes, para mayor gloria de este siglo que, amasando la pesada masa de tanta sutura craneana, da sustento a que mi colegio nunca ganara en Cesta y Punto.

 

No, señores, no. Rompamos un palillo por mi atardecer vaticano, por el membrillo puritano que azaroso flota y recita en mi entrepierna de soldado. Pues si modero mi Monopolio de las Indias Orientales a gatitas, es por cuidar el moho de vuestras hijitas, que con balompédico mohín, pedrusco descomunal,  lanzan con ahínco de furioso mongol sus sencillas proposiciones, como las de Euclides, no muy  lejos de donde holla mi bastón, mi membrillo y, en fin, mi colofón.

 

Mariscales; que no hay mortadela que cien años dure. Mariscales; que,

en fin, que si de mi abundante antípoda salen carrasperas de fritangas, no se diga menos que mis posaderillas no complacieron con merengues y carpas y sedosas chanzas sus apetitos de gabinet.

 

Descubrámonos pues, en tierna algarabía, que en el orbe pitiuso no hay más buchona perorata que la de este lateral izquierdo, que siempre las da con nata.