LAS CARRERAS DE CABALLOS 
 

Por el Dr. Don Bungalou Lumbago A’tresbandas.
Doctor en Pataphysica. © 1997 (8472 desde el reinado del Padre Ubú).


El interés en el que se inscribe el siguiente ensayo se masca y se 
construye por la enorme importancia que hoy día ( estamos en el año 8472 según 
UBÚ ROI ) se le da [ en nuestra sociedad contemporánea, en nuestro devenir 
clínico, en nuestra búsqueda armariada por el contacto social, en los signos que 
aparecen por doquier en las calles, en los tranvías, en las estaciones de 
ferrocaril, en las estaciones aerostáticas, en los cosmódromos... ] que se le 
da, decía, a las carreras de caballos.
Es de advertir una incontrolable masa de supuestos individuos de 
todos los sexos existentes ( chinos, japoneses, antieuropeos, buscadores de oro 
y Sandokán ) que parten, en carreras repletas de lametazos de deseo, hacia el 
período de cada mes.
Las carreras de caballos, arte predominantemente británico, 
conmueven, con sus veloces esculturas pícnic-ecuestres (y campando a sus anchas) 
a las jóvenes que acuden a estos eventos. Ellas, sus niñas y sus acompañantes 
(todos de punto en blanco) establecen relaciones puramente “ de las de el otro 
lado del atlántico ” consiguiendo frecuentar las cercanías de un lenguaje de 
una sonoridad tan extremada que hasta los más avispados muchachitos 
arrancaportales -de tierna edad- no pueden por menos que sonrojarse al oírles.
En sus conversaciones en el hipódromo -entre carrera y carrera- 
ellas, sus niñas y sus acompañantes (todos de punto en blanco) recuerdan al 
jinete que les hará -en el caso de que venza- ganar un buen puñado de libras 
esterlinas; y todo sin el más mínimo esfuerzo.

Así es la vida, así son las apuestas en las carreras de 
caballos, así son las carreras de caballos.

Una vez finalizan las pruebas nos dirigimos al colofón de todo acto 
pícnico-ecuestre que se precie, esto es, a las cuadras. Allí, Mr. Far West El 
Del Gran Cabestrillo engalana, con enormes tiras de los mas diversos colores, 
las grupas de los equinos preparándolos para la gran competición. 

Enganchando las bridas en brotes de a 5 con unos aros de 3/4 de 
pulgada fabricados especialmente para la ocasión, Mr. Far West El Del Gran 
Cabestrillo (muchas veces) se doblega ante la aparatosidad de los muslos de las 
yeguas, ya que estos, incontrolables -la mayoría de las veces, por la potencia 
que estos animales despliegan en su furia- arremeten a unos pocos píes del 
rostro -ya semilistado- de Don Far West El Del Gran Cabestrillo.

De todos modos, puedo afirmar que desde el día que le conocí hasta 
hoy (estamos en el año 8472 según el reinado del Padre Ubú ) siempre tuve con él 
un trato de campeonato.