¿ PORQUÉ ES BUENO QUE EL VIENTRE ASOME ENTRE LAS REJAS DE LA CELDA DE UNA PRISIÓN ?


Por el Doctor D. Bungalou Lumbago A’tresbandas. Doctor en Pataphysica.
© 8471 desde el reinado del Padre Ubú.



Antes de alojarme en una prisión siempre consideré la posibilidad 
paradójica y brusca de conseguir la máxima rebeldía entre esas paredes 
estrechas. Me informaré acudiendo al Extremo Oriente -me dije- mientras ocupaba 
mis pensamientos saboreando anticipadamente el triunfo de lo que supondría 
cometer un acto criminal sin el menor aliciente del riesgo, del peligro y 
sabiendo que no obtendría nada a cambio ya que la meta era precisamente la 
contraria, es decir, EL ARRESTO.
A las nueve de la noche de un mezco, cuando ya los transeúntes se 
retiraban apacibles a sus navideñas para que éstas les colgaran la ropa 
humeante acoplándola en el perchero de sus casas, cometí el delito.
Moderando mi lenguaje, estrangulé 45 cm. la garganta de un brigadier.
En el cuartelillo todo fue ofuscación, los demás militares se 
apoderaron de mí con excesiva celeridad teniendo en cuenta que yo ya me 
encontraba dentro de su territorio, en su mismo edificio
y por lo tanto no tenían que perseguirme, ni gritarme, ni dispararme.
A pesar de todo, el brigadier conservó la vida y yo conseguí mi deseo: durante 
los próximos dos meses viviría en la cárcel.
Mi primer gusto fue el de engullir 500 palos de grasa comiéndomelos entrehoras
puesto que este intervalo del día era en el que mejor podía evitar la vigilancia 
de los carceleros. A los 7 días engordé - siguiendo el mismo régimen de la 
grasa- unos 42 kilos, y a los 53 días -7 días antes de cumplir la condena- ya 
pesaba 97 kilos. Esperanzado ante mis progresos bañé conscientemente el respaldo 
que va desde la columna de madera número uno cercana al bidé hasta la plataforma 
rígida que sostiene el arcón donde pasaba las noches. La pesada masa de comida 
que acumulaba en el estómago hacía que durante las horas de sueño mis músculos 
abdominales retumbaran al son de gráciles ritmos de macumba; el entrenamiento 
posterior fue decisivo. 
Nunca lo pasé tan bien como en los días que transcurrieron dentro de ese 
poliedro regular firmemente inexpugnable.


Sí, la vida tenía otro sabor.