LAS GLORIAS DE UNA BUENA PENETRACIÓN

(c) Dr. D. Bungalou Lumbago A'tresbandas. Dr. en Pataphysica. 1997 (8472, desde el reinado del Padre Ubú )

Al incidir en todo punto la maledicencia de callejón en el carácter tempranillo de cualquier chiquillo, es obvio que los intereses de los educadores deberán remarcar la abertura exacta por la que pene-tre una buena y sana educación.
En un asunto como éste en el que los senderos habituales han sido ya una y mil veces transitados con mayor o menor fortuna por padres, especialistas, voyeurs, y otros buenos profesionales, una opinión más y, sobre todo, si viene de un Doctor en Pataphysica seguro que no añadirá más caldo al puchero si no es para darle mayor substancia y sabor.
El muchacho que piense -y lo más probable es que esté equivocado- que todo lo que sus ojos pueden ver del mundo exterior es necesariamente redondo, comete un desliz sólo comparable al que la misma naturaleza ha perpetrado en su cuerpo, esto es: unas piernas delgaduchas y un rostro delicado que contrasta con la monstruosidad instinto-pantanosa que se forja, lenta y golosamente, en su noruego interior.
La falta de armonía y el desprecio por el entendimiento que la adolescencia más precoz comete ante las cosas que le rodean evidencia nada más que una incontrolable búsqueda de razones ante sí misma, tan inútil como inútil. Un joven, temeroso como ha de ser, responde con las onomatopeyas -que no son suyas sino del grupo de jóvenes- propias del despliegue que en esta edad se obtiene de las fuerzas naturales y, sus
expresiones más corrientes son una suma de preposiciones, neoplasmos y otras figuras poco partícipes del decoro.

El decoro, que no la decoración, preside los altares donde las lindas jovencitas esfuerzan a sus amigas en una mutualidad corporativista hacia un común denominador: LA TRANCA.
La Tranca, o " molde sencillo de ilusión " como también se la llamó entre las gentes más aposentadas de la edad de bronce, es la portadora de la primera noción clarificadora de lo que es el volumen en el mundo físico y tangible, para estas tiernas jóvenes de muy pocos años todavía.
Si un sólo hombre en el tierra tuviera que recorrer días enteros en su busca, para, a la postre, encontrarse con eso que todos sabemos muy bien lo que es, mucho mejor podría haberse dedicado durante todo ese tiempo a perseguir a una, a una sola de esas piernas blancas, imberbes aún de toda musculosidad y vello, sonoras de mil melodías cautivantes por el simple roce de la brisa matinal más tímidamente enternecedora.
El juego entregado de los adolescentes, que ríen junto a los animales y vacían su rasurada impudicia al firme contacto de los serenos adoquines, rehúsa encontrarse con el hábito cónico de las ardorosas muchachas que florecen a sus anchas.
Por todo lo cuál, ¡ Oh peda-gogós ! mirad en el ombligo de la especie más clarificadora, ya que ésta adornará con guirnaldas de fresa el sesudo poste que os ocupa.


¡ Más luz , viejo borracho !